Partimos de una mirada encarnada, que no es total ni acabada, sino que surge de nuestro contexto y cuerpos. A través de nuestras experiencias buscamos producir conocimientos locales, parciales y críticos, que nos permitan desarrollar estrategias frente a una Europa cada vez más abiertamente racista y clasista.

Desde distintas perspectivas feministas se ha señalado, con mayor contundencia, la necesidad de hablar sobre el racismo que atraviesa a los movimientos feministas locales. Racismo que no solo se agota en esos espacios sino que atraviesa distintos ámbitos de nuestras vidas. Lo entendemos como un problema estructural y no como una actitud individual de ciertas personas.

Por eso nos parece importante visibilizar y denunciar el racismo estructural que se evidencia en el plano político y jurídico con la existencia de la ley de extranjería y políticas públicas destinadas a la población migrante. También en lo simbólico y discursivo con los contenidos sobre “las migrantes” que se producen y validan en la academia, en los medios de comunicación, en la administración pública, incluido en los servicios sociales.

Así como la teoría y movimiento feminista ha advertido sobre la importancia de transformar la sociedad patriarcal, nos parece urgente transformar las instituciones que perpetúan el racismo estructural a través de los Estados-nación productores de identidades, diferencias, exclusiones y fronteras.

Lo hacemos desde una mirada que enfatiza nuestra agencia y las diferentes estrategias que desarrollamos frente a contextos adversos. Creemos que es importante mantenernos atentas a cómo el racismo, clasismo y sexismo afecta nuestras vidas y nos coloca en distintas posiciones de poder. Planteamos un debate constante que cuestione la tendencia a homogeneizar y reducir nuestras experiencias migratorias. Si bien denunciamos las distintas formas de violencias que marcan nuestros territorios-cuerpo, apostamos por prácticas feministas y antirracistas que posibiliten la transformación de nuestras realidades y entorno.